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¿Se Equivocó Jesús Cuando Habló de las Profecías Concernientes a Su Resurrección?

by  Branyon May, Ph.D.

Los escépticos y los críticos de la Biblia frecuentemente claman que la Biblia contiene discrepancias y contradicciones que en realidad van en contra de su posición como la Palabra inspirada de Dios. Una de estas acusaciones se centra en dos pasajes en el Nuevo Testamento que tratan de la resurrección de Cristo.

En Lucas 24:46, Cristo declaró: “Así está escrito, y así fue necesario que el Cristo padeciese, y resucitase de los muertos al tercer día”. Pablo repitió las palabras de Cristo cuando habló del hecho que Cristo “fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras” (1 Corintios 15:4). Para el cristiano, estos versículos representan la razón de su esperanza más allá de esta Tierra y resumen la misión terrenal de Cristo para “buscar y a salvar lo que se había perdido” (Lucas 19:10). La declaración más grande de amor fue demostrada cuando Jesucristo enfrentó el dolor y la tortura de la crucifixión y llevó nuestras iniquidades. Esta es también la respuesta que debemos ofrecer “ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros” (1 Pedro 3:15). Sin embargo, para el crítico los pasajes en Lucas 24:46 y 1 Corintios 15:4 representan una dificultad concerniente a la armonía y unidad de la Biblia, y es en este momento que debemos dar un paso adelante para proveer respuestas a aquellos que nos pregunten acerca de nuestra esperanza.

La pregunta que se presenta es esta: ¿Se equivocó Jesús cuando aludió a ciertas profecías concernientes a Su resurrección al tercer día? Esta pregunta se centra en las frases “así está escrito” y “conforme a las Escrituras”. Los críticos preguntan dónde se puede encontrar la predicción de la resurrección de Cristo al tercer día. Lo cierto es que no existe pasaje específico en el Antiguo Testamento que hable directamente de la resurrección del Señor al “tercer día”. No obstante, existen otras opciones disponibles para rechazar tal acusación.

(1) El profeta Oseas escribió: “Nos dará vida después de dos días; en el tercer día nos resucitará, y viviremos delante de él” (6:2). Aunque el pasaje no habla específicamente de la resurrección del Mesías al “tercer día”, este pudiera tener referencia a Cristo. Existen dos puntos de vista reconocidos extensamente concernientes a este pasaje. En su comentario del libro de Oseas, Burton Coffman abordó ambos: (a) Primero, él sugirió que el mensaje del versículo era “visto como la esperanza de la gente que pensaba que su arrepentimiento pronto y dócil daría como resultado su restauración completa e inmediata” (1981, p. 110). Esta idea considera las palabras del profeta como una “aplicación inmediata” para rectificar la situación terrible en la cual los hijos de Israel se encontraban. [El hecho que estaban enfrentando la ira de Dios y necesitaban arrepentirse es evidente por el capítulo 5 versículos 10 y 11: “derramaré sobre ellos como agua mi ira... porque quiso andar en pos de vanidades”]. (b) También se puede ver este versículo, no como un “reavivamiento” o “surgimiento” inmediato de la nación, sino como una profecía que apunta a la “vida nueva” en Jesucristo que habría de manifestarse en el antiguo Israel (Coffman, p. 110). Este concepto demuestra un “cumplimiento remoto” de la muerte y resurrección de Jesús al tercer día.

(2) Otra posibilidad pudiera ser que Jesús, al referirse a las Escrituras, no se refiriera a un pasaje particular, sino al contenido completo de las profecías del Antiguo Testamento concernientes a Su sufrimiento, muerte, sepultura y resurrección. “El punto de las palabras de Jesús no es que tal versículo llegó a cumplirse, ¡sino que la verdad a la cual todas las Escrituras apuntan se está realizando ahora!” (Green, 1997, p. 857). Cuando examinamos el capítulo 24 de Lucas, vemos dos veces que Jesús explica adicionalmente las Escrituras. Antes de enseñar a los apóstoles en Jerusalén, Jesús les dijo que “era necesario que se cumpliese todo lo que está escrito de mí en la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos” (Lucas 24:44). En este caso, Cristo habló del Antiguo Testamento completo, en vez de referirse a un pasaje específico. Por ende, existe un precedente contextual que cuando Cristo declaró “Así está escrito”, probablemente asoció esto con todas las Escrituras que apuntaban a Sus últimos días. Cuando Jesús dijo que “fue necesario que el Cristo padeciese”, probablemente se refirió a algo que Isaías había profetizado muchos años antes.

Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto; y como que escondimos de él el rostro, fue menospreciado, y no lo estimamos. Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados” (Isaías 53:3-5).

Después de Su sufrimiento y muerte, Jesús ciertamente debía “levantarse de los muertos” como la profecía en el Salmo 16:8-10 señala: “A Jehová he puesto siempre delante de mí; porque está a mi diestra, no seré conmovido. Se alegró por tanto mi corazón, y se gozó mi alma; mi carne también reposará confiadamente; porque no dejarás mi alma en el Seol, ni permitirás que tu santo vea corrupción”.

(3) Una posibilidad adicional concerniente al pasaje en 1 Corintios pudiera ser que Pablo, mientras escribía a la iglesia en Corinto, estuviera refiriéndose a los escritos de sus contemporáneos, en particular a los evangelios de Mateo o Lucas. Algunos pueden preguntarse cómo esto pudiera ser cierto, ya que en ese tiempo, el viaje y las comunicaciones se realizaban a pie o por medio de un animal y por ende eran muy lentas. No es posible hablar con dogmatismo concerniente a las fechas exactas de circulación de algunos de los libros del Nuevo Testamento, pero sí tenemos un precedente para este tipo de referencia en la Escritura. Realmente, nosotros tenemos este escenario exacto entre Pablo y el evangelio según Lucas—en la primera epístola que el apóstol escribió a Timoteo. En esta, Pablo, después de hablar de los requisitos de los ancianos, citó Deuteronomio 25:4 y Lucas 10:7 y calificó a ambos textos como “Escritura” (1 Timoteo 5:18). Se puede encontrar otro ejemplo en 2 Pedro 3:15,16. Aquí, Pedro reconoció que Dios dio sabiduría a Pablo y además catalogó a las epístolas de Pablo como poseedoras de la misma clase de inspiración que las “otras Escrituras”. Por ende, Pablo pudo haber estado refiriéndose a Lucas, o pudo haber estado hablando de Mateo 12:40, donde Jesús comparó el tiempo que Él estaría en la tumba con los “tres días y tres noches” de Jonás en el vientre del pez.

Cada una de estas sugerencias son una opción viable para responder a la acusación de los críticos de que Lucas 24:46 y 1 Corintios 15:4 representan alguna clase de “discrepancia” en el texto bíblico.

REFERENCIAS

Coffman, James Burton (1990), The Minor Prophets—Hosea, Obadiah, and Micah (Abilene, TX: ACU Press).

Green, Joel B. (1997), The Gospel of Luke (Grand Rapids, MI: Eerdmans).




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