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Apologetics Press :: Dardos Bíblicos

“No Me Creáis”
por Dave Miller, Ph.D.
[English]
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La mayor parte de la cristiandad ve a Jesús como Alguien que espera que la gente le acepte “por fe”. Lo que ellos quieren decir por “fe” es que la gente debe aceptar a Jesús como el Hijo de Dios sin ninguna prueba, evidencia o justificación racional—simplemente porque Él reclamó ser Dios. De hecho, la mayoría ve la fe y la prueba como opuestas. Ellos piensan que se debe tener fe en aquellas áreas donde no existe prueba. Para ellos, “fe” es aceptar lo que no se puede probar, y decidir creer lo que no se puede saber.

No obstante, el Nuevo Testamento presenta una idea completamente diferente. Dios nunca espera ni requiere que alguien acepte Su Palabra sin prueba adecuada. Dios facultó a Sus portavoces en la Tierra para verificar sus declaraciones al realizar actos sobrenaturales (Marcos 16:20; Hebreos 2:3,4). El libro de Juan destaca esta característica repetidamente. Cuando Nicodemo, un fariseo y principal entre los judíos, llegó a ver a Jesús de noche, declaró: “Rabí, sabemos que has venido de Dios como maestro; porque nadie puede hacer estas señales que tú haces, si no está Dios con él” (Juan 3:2, énfasis añadido). ¡Nicodemo fue un hombre racional! Él vio la evidencia que apuntaba a la conclusión lógica que Jesús tenía un origen divino, y fue honesto para admitirlo.

Respondiendo a los críticos judíos, Jesús defendió Su identidad divina al dirigir su atención a las obras (i.e., “acciones sobrenaturales”) que realizaba: “[...]las mismas obras que yo hago, dan testimonio de mí, que el Padre me ha enviado” (Juan 5:36). Él hizo el mismo punto a Sus apóstoles en otra ocasión:

¿No crees que yo soy en el Padre, y el Padre en mí? Las palabras que yo os hablo, no las hablo por mi propia cuenta, sino que el Padre que mora en mí, él hace las obras. Creedme que yo soy en el Padre, y el Padre en mí; de otra manera, creedme por las mismas obras (Juan 14:10,11, énfasis añadido).

Después, Jesús señaló que las personas que rechazaban creer en Él como el Hijo de Dios, no tenían excusa, ya que se había demostrado ampliamente la evidencia de Su identidad divina: “Si yo no hubiese hecho entre ellos obras que ningún otro ha hecho, no tendrían pecado; pero ahora han visto y han aborrecido a mí y a mi Padre” (Juan 15:24, énfasis añadido). Así que su falta de fe no podía ser atribuida a su incapacidad de conocer la verdad concerniente a la persona de Jesús (cf. Juan 8:32).

Si es verdad que Dios no espera que alguien crea en Él a menos que se haya presentado evidencia adecuada para garantizar esa conclusión, entonces debemos esperar ver a Jesús instando a la gente a no creerle a menos que proveyera prueba de Sus reclamaciones. ¿Hizo Jesús eso mientras estaba en la Tierra? ¡Absolutamente! Se ve claramente este hecho en la respuesta de Jesús a la invectiva que levantaron los judíos de corazón duro quienes rechazaban enfrentar la realidad de la divinidad de Cristo. Él les reiteró: “Las obras que yo hago en nombre de mi Padre, ellas dan testimonio de mí” (Juan 10:25). Su declaración explícita subsiguiente en cuanto a Su deidad provocó una preparación indigna para apedrearlo. Él simplemente les enfrentó: “Si no hago las obras de mi Padre, no me creáis. Mas si las hago, aunque no me creáis a mí, creed a las obras, para que conozcáis y creáis que el Padre está en mí, y yo en el Padre” (Juan 10:37,38, énfasis añadido).

Ya que Jesús llegó al planeta para instar a la gente a rendirle sumisión obediente (Juan 3:16; 8:24), es difícil imaginar a Jesús diciendo a la gente que no le creyeran. Pero ¡eso es precisamente lo que dijo! Él había provisto al mundo con la evidencia adecuada para distinguir la verdad y la mentira. Nosotros podemos saber que Dios existe, que Jesús es Su Hijo y que la Biblia es la Palabra de Dios. Si no existiera la evidencia para probar estos asuntos, Dios no esperaría que alguien le creyera, ni condenaría a alguien por no creerle—ya que Él es recto y justo (Hechos 10:34,35; Romanos 2:11; 2 Pedro 3:9). Pero ¡la evidencia existe! ¡Podemos saber! Todo ser humano responsable está bajo la obligación de investigar y buscar la verdad (Juan 8:32; 6:45; 7:17; 1 Tesalonicenses 5:21). ¡Los que no creen “no tienen excusa” (Romanos 1:20)!



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