Mucha gente en la sociedad sostiene que no existe una manera correcta y absoluta de hacer las cosas. La idea es que una manera puede ser correcta para usted, pero no para otra persona. Cada ser humano hace lo que siente que es correcto, y eso es correcto para él. Este enfoque declara que su manera está bien para usted y mi manera está bien para mí, y que todos deben hacer lo que piensan que es correcto. Cada manera es tan buena como la otra y no se debería considerar a una de ellas como la manera correcta.
Esta idea es especialmente común en la religión. Muchas personas están contentas creyendo que una religión es tan buena como la otra. La mayoría piensa que mientras una persona sea sincera en lo que cree, entonces esa persona está en lo correcto. Según esta idea, las muchas religiones, denominaciones, iglesias y sinagogas son maneras diferentes de llegar al mismo lugar. Los que piensan de esta manera no creen que ninguna religión sea la religión correcta. Puede ser la religión o iglesia correcta para usted, pero puede no ser la religión correcta, ya que ellos creen que no existe una religión o iglesia correcta. ¿Es esta idea correcta? ¿Existe una verdad real y absoluta? ¿Son todas las religiones tan buenas como otras? Veamos cómo funciona esta idea en la vida real.
Suponga que una maestra de matemáticas escribe la siguiente operación en la pizarra para su clase: 2 + 2 = ____. Ella explica a su clase que este es un examen decisivo. La respuesta correcta vale 100 puntos. La respuesta incorrecta vale 0 puntos. Suponga que uno de los estudiantes se siente muy seguro que la respuesta es cinco. De hecho, suponga que la maestra sale del aula y toda la clase decide que la respuesta es cinco. Además, suponga que un maestro de historia entra mientras la maestra de matemáticas está afuera, y él explica que las respuestas tres, cuatro y cinco deberían ser aceptables siempre y cuando cada estudiante crea firmemente que la respuesta que escribe es correcta. ¿Es correcta cualquier respuesta aparte de cuatro? ¡Absolutamente no!
Tristemente, la gente no cree que el mismo principio se aplique a la religión. En Mateo 7:13-14, Jesús dijo: “Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella; porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan” (énfasis añadido). En Juan 14:6, Jesús aseveró claramente: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí” (énfasis añadido). Esto realmente es tan simple como 2 + 2. Solamente existe un camino al cielo, y Jesús es ese camino. Esto es difícil de aceptar para algunos, pero es la verdad—la verdad absoluta e inmutable. Todos los que tratan de llegar al cielo a través de Buda, Mahoma, el judaísmo u otras muchas religiones, se perderán si no regresan a Jesús para hacer las cosas a Su manera.
También es cierto que muchas personas sinceras sienten que están haciendo lo correcto, pero no lo están haciendo. El apóstol Pablo es un gran ejemplo de este caso. Pablo (cuyo nombre fue primero Saulo) pensó que los cristianos eran impíos. Pensó que ellos estaban apartando a la gente del camino verdadero al cielo que él creía que se encontraba en la religión judía. A causa de esta creencia sincera, él persiguió a los cristianos. Obtuvo autorización de las autoridades judías para encerrar a los cristianos en la cárcel. Cuando los cristianos eran procesados por sus vidas, Pablo dio su aprobación para que los mataran. Él creyó sinceramente que estaba haciendo lo que Dios quería que hiciera. En Hechos 23:1, mientras hablaba a los líderes judíos, Pablo dijo, “[Y]o con toda buena conciencia he vivido delante de Dios hasta el día de hoy”. Pablo sintió que estaba sirviendo a Dios, pero no lo estaba haciendo. De hecho, estaba sirviendo a Satanás y peleando en contra de Dios, a pesar de sus motivos sinceros. Él fue sincero, pero estaba sinceramente equivocado.
Cuando Cristo apareció a Pablo en el camino a Damasco, le dijo que estaba pecando (Hechos 9). Instruyó a Pablo que fuera a la ciudad de Damasco donde se le diría lo que debía hacer para ser reconciliado con Dios. Pablo creyó a Jesús e hizo exactamente lo que se le instruyó. Después que Pablo oró y ayunó por tres días, un hombre llamado Ananías vino donde Pablo estaba y le dijo, “Levántate y bautízate, y lava tus pecados, invocando su nombre” (Hechos 22:16). Pablo fue bautizado para la remisión de sus pecados, y fue añadido a la iglesia que pertenece a Cristo. La sinceridad de Pablo no le ayudó hasta que encontró y obedeció la verdad.
En Juan 8:32, Jesús explicó, “[Y] conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres”. Luego, Jesús explicó que la Palabra de Dios “es verdad” (Juan 17:17). Se nos ha dado la Palabra de Dios—la Biblia. Jesús dijo que estas palabras nos juzgarán en el día final (Juan 12:48). En el juicio, se comparará nuestras vidas a la verdad que se encuentra en el Nuevo Testamento. Si hemos seguido las palabras de Jesús, iremos al cielo. Si no las hemos seguido, a pesar de la sinceridad que tengamos, iremos al infierno.
El Norte siempre está al norte, dos más dos es siempre cuatro, y Jesús es el único camino al Padre y al cielo. Vivamos nuestras vidas, no según lo que “sentimos” que es correcto, sino según la verdad que se encuentra solamente en la Biblia.
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