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¿Todavía Falta que se Establezca el Reino?
por Dave Miller, Ph.D.

La persona promedio está conciente de la reclamación periódica que “el fin está cerca”. Cuando el problema del año 2000 (Y2K) se aproximaba, se difundió gritos de condenación, trastorno global y Armagedón. Hal Lindsey alcanzó atención mundial más de treinta años atrás con su record de ventas, El Gran Planeta Tierra Fallecido (The Late Great Planet Earth, 1970). Una versión más reciente de la rama dispensacional del premilenialismo es la serie popular Dejados Atrás (Left Behind) [vea “The Official...”, 2003]. De vez en cuando, un personaje religioso captura la atención nacional al anunciar el regreso inminente de Jesús, incluso hasta el punto de fijar una fecha. Después desaparece en el anonimato y la oscuridad de la cual surgió cuando se prueba que sus reclamaciones son erróneas, pero habiendo tenido sus “quince minutos de fama” (vea Whisenant y Brewer, 1989). El sensacionalismo atrae compradores y fomenta la curiosidad de un gran número de personas. Increíblemente, se ha repetido este patrón una y otra vez—¡literalmente por siglos!

Una característica de la reclamación del dispensacionalismo premilenialista es que el reino todavía es futuro, y que Jesús no está reinando ahora, sino comenzará a reinar en Su reino cuando regrese en el futuro para establecerlo en Jerusalén. Sin embargo, no se puede armonizar muchos pasajes bíblicos con este punto de vista. Primero, la Biblia enseña que el reino existe ahora, y que ha existido desde el año 30 d.C. Mientras Jesús estaba en la Tierra, fue a Galilea, “predicando el evangelio del reino de Dios, diciendo: El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos, y creed en el evangelio” (Marcos 1:14-15, énfasis añadido). También declaró: “De cierto os digo que hay algunos de los que están aquí, que no gustarán la muerte hasta que hayan visto el reino de Dios venido con poder” (Marcos 9:1). De hecho, Jesús “nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo” (Colosenses 1:13). Insistir que el reino todavía no está establecido es no reconocer que la Biblia declara directamente que el reino ya existe en la Tierra.

Segundo, las palabras “reino”, “Israel” e “iglesia” hacen referencia al mismo grupo de gente—i.e., los salvos, los cristianos, la iglesia de Cristo o el Israel espiritual. Jesús predijo que edificaría Su “iglesia” y que daría a Pedro las llaves del “reino” (Mateo 16:18-19). Jesús no estableció una institución y luego dio las llaves a Pedro de una institución diferente. Pablo dijo a los cristianos de Galacia: “Sabed, por tanto, que los que son de fe, éstos son hijos de Abraham.... Y si vosotros sois de Cristo, ciertamente linaje de Abraham sois, y herederos según la promesa” (Gálatas 3:7,29; cf. 6:16). Él dijo a los cristianos en Roma: “Pues no es judío el que lo es exteriormente, ni es la circuncisión la que se hace exteriormente en la carne; sino que es judío el que lo es en lo interior, y la circuncisión es la del corazón” (Romanos 2:28-29). El Israel espiritual es la iglesia de Cristo—es decir, el reino.

Tercero, Jesús está reinando ahora en el cielo, y ha estado reinando desde Su ascensión alrededor del año 30 d.C. Pedro explicó que Jesús “está a la diestra de Dios; y a él están sujetos ángeles, autoridades y potestades” (1 Pedro 3:22). Daniel predijo más de cuatro siglos antes de su cumplimiento: “Con las nubes del cielo venía uno como un hijo de hombre, que vino hasta el Anciano de días, y le hicieron acercarse delante de él. Y le fue dado dominio, gloria y reino, para que todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieran; su dominio es dominio eterno, que nunca pasará, y su reino uno que no será destruido” (7:13-14). Esta profecía se cumplió en la ascensión de Cristo: “viéndolo ellos, fue alzado, y le recibió una nube que le ocultó de sus ojos” (Hechos 1:9). Jesús regresó al cielo donde le fue dada potestad sobre Su reino (Hebreos 10:12). Cuando regrese por segunda vez, no será para reinar sobre la Tierra. En cambio, luego viene “el fin, cuando entregue el reino al Dios y Padre, cuando haya suprimido todo dominio, toda autoridad y potencia. Porque preciso es que él reine hasta que haya puesto a todos sus enemigos debajo de sus pies” (1 Corintios 15:24-25).

En el Día de Pentecostés, Pedro anunció a la multitud reunida que Jesús estaba reinando en ese momento en Su reino: “Dios le había jurado que de su descendencia, en cuanto a la carne, levantaría al Cristo para que se sentase en su trono.... A este Jesús resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos. Así que, exaltado por la diestra de Dios...” (Hechos 2:30-33). Pablo enfatizó el mismo punto en su carta a la iglesia en Éfeso: “La cual operó en Cristo, resucitándole de los muertos y sentándole a su diestra en los lugares celestiales, sobre todo principado y autoridad y poder y señorío, y sobre todo nombre que se nombra, no sólo en este siglo, sino también en el venidero; y sometió todas las cosas bajo sus pies” (Efesios 1:20-22). Repito: la Biblia frecuentemente afirma que Jesús está reinando y gobernando ahora en Su reino.

Cuarto, Jesús completó Su obra en la Tierra y, por consiguiente, no tiene razón para regresar a la Tierra para hacer alguna obra adicional. Él explicó a los discípulos: “Mi comida es que haga la voluntad del que me envió, y que acabe su obra” (Juan 4:34, énfasis añadido). Poco antes de Su partida de la Tierra, oró al Señor: “Yo te he glorificado en la tierra; he acabado la obra que me diste que hiciese” (Juan 17:4).

Los dispensacionalistas dicen que Jesús vino con la intención de ser Rey y de establecer un reino terrenal, pero que los judíos inesperadamente le rechazaron. Pero esta reclamación está en conflicto directo con los hechos. En una ocasión, después que Jesús alimentó a miles de personas con cinco panes y dos peces—una hazaña que constituirá una ventaja tremenda si se aproximara una guerra con Roma—Juan anotó que “entendiendo Jesús que iban a venir para apoderarse de él y hacerle rey, volvió a retirarse al monte él solo” (6:15). Aquí estaba la oportunidad perfecta para que Jesús llegara a ser un rey físico. Pero ¡Él rechazó esa oportunidad! ¿Por qué? Él declaró la razón a Pilato: “Mi reino no es de este mundo; si mi reino fuera de este mundo, mis servidores pelearían para que yo no fuera entregado a los judíos; pero mi reino no es de aquí” (Juan 18:36). El reclamo dispensacional que Jesús está viniendo para ser un rey en la Tierra en un trono físico es lo mismo que los judíos del primer siglo trataron que hiciera—pero que Él rechazo hacerlo.

Los premilenialistas también sostienen que la nación moderna de Israel es la receptora de varias promesas en la Escritura, y que tiene un rol prominente y continuo en el plan de Dios. Esta opinión ha tenido un impacto profundo en la política extranjera de los EE.UU., y en la manera que la gente alrededor del mundo—especialmente en el Medio Oriente—percibe a Norteamérica. Ciertamente mucha gente se sorprendería al saber que la Biblia no describe tal estatus favorecido. La cruz de Cristo considera a toda la gente en el mismo nivel. Dios no hace acepción de personas, y no hace distinción entre gente a causa de la etnia (Hechos 10:34-35; Romanos 2:11,28-29; Gálatas 3:28). Las promesas que Dios hizo al Israel físico se cumplieron mucho tiempo atrás.

Por ejemplo, Dios anunció a Abraham que daría a sus descendiente (los israelitas) la tierra de Canaán (Génesis 12:1; 15:7). Esa promesa se cumplió cuando Israel llegó a poseer Palestina en el siglo quince a.C. (Josué 21:43-45; 2 Crónicas 9:26). Lo que mucha gente no reconoce actualmente es que la retención israelita de la tierra estaba condicionada a su obediencia continua (Levítico 18:24-28; Josué 23:14-16; 1 Reyes 9:3-7). La pérdida completa y final del Israel físico sucedió en el año 70 d.C. El restablecimiento de la nación de Israel y la reconstrucción de Jerusalén y el templo (i.e., las promesas nacionales de Deuteronomio 30 y Zacarías 12-14) se cumplieron literalmente en el regreso del remanente después de la cautividad de Babilonia (Nehemías 1:8-10; Isaías 10:22; Jeremías 23:3; Esdras 3:1-11).

Muchas de las profecías del Antiguo Testamento que predecían el regreso de los judíos después de la cautividad estaban enlazadas con predicciones de la venida de Cristo a la Tierra para traer redención final. Por ende, las promesas nacionales se cumplieron espiritualmente en la iglesia de Cristo, donde ambos, judíos y gentiles, son uno en Cristo. Por ejemplo, los premilenialistas frecuentemente llaman la atención a los comentarios proféticos conclusivos de Amós: “En aquel día yo levantaré el tabernáculo caído de David, y cerraré sus portillos y levantaré sus ruinas, y lo edificaré como en el tiempo pasado; para que aquellos sobre los cuales es invocado mi nombre posean el resto de Edom, y a todas las naciones, dice Jehová que hace esto” (Amós 9:11-12). Ellos insisten que el cumplimiento de esta profecía todavía está en el futuro. Ellos dicen que el templo, que los romanos destruyeron el año 70 d.C. (Mateo 23:37-24:35), será reconstruido en la plataforma del templo en Jerusalén (un lugar que actualmente la ocupa la tercera mezquita más sagrada del islamismo—el Domo de la Roca). Dicen que Jesús regresará, establecerá Su reino milenial, reinará literalmente en un trono literal por mil años e incorporará en Su reino a los gentiles, además de la nación de Israel. A primera vista, esta profecía ciertamente posee terminología que calza la interpretación milenial que se le atribuye.

No obstante, dos pasajes bíblicos corrigen esta interpretación y establecen la aplicación adecuada de la profecía de Amós. La primera es la gran profecía mesiánica que el profeta Natán declaró al Rey David concerniente al linaje futuro de David y la dinastía real (2 Samuel 7:12-16). Natán declaró que Dios establecería y sostendría la dinastía davídica. Incluso cuando él también señaló que el hijo de David (Salomón) construiría una forma del tabernáculo (que Dios impidió que David construyera—2 Samuel 7:1-7), Dios mismo construirá una casa a David (i.e., una dinastía, un linaje real). A este linaje Amós se refirió—no a un templo físico.

El segundo pasaje que aclara la profecía de Amós es el relato de la “conferencia” en Jerusalén (Hechos 15). Después del reporte de Pedro concerniente a la inclusión de los gentiles en el reino, Jacobo ofreció comentarios confirmatorios: “Varones hermanos, oídme. Simón ha contado cómo Dios visitó por primera vez a los gentiles, para tomar de ellos pueblo para su nombre. Y con esto concuerdan las palabras de los profetas, como está escrito” (Hechos 15:13-15). Jacobo luego citó Amós 9:11-12. En otras palabras, en esa ocasión, Jacobo señaló dos hechos significativos que habían pasado precisamente como Amós había predicho: (1) después de la caída del reino judío, se había restablecido la dinastía davídica en la persona de Cristo—el “Hijo de David” (Mateo 22:42)—Quien, en Su ascensión, había sido entronado en el cielo, “reconstruyendo por ende el tabernáculo de David que había caído”; y (2) con la conversión de los primeros gentiles en Hechos 10, como Pedro reportó en esa ocasión, el “resto de los hombres”, o el segmento no-judío de la humanidad, ahora estaba “buscando al Señor”.

A la luz de la aplicación inspirada de Jacobo de que esto hacía referencia a la iglesia integrada del primer siglo, la profecía de Amós, como todas las otras profecías en el Antiguo Testamento que los premilenialistas aplican al futuro, encuentra su clímax fundamental y final en la venida trascendental de la religión cristiana en el planeta. El enfoque premilenial de esta profecía es, realmente, una degradación y trivialización de la importancia del Evangelio, la iglesia de Cristo y la religión cristiana como la revelación final de Dios para la humanidad. El reino no es futuro; el reino está aquí ahora. Toda persona responsable haría bien en aferrarse a las precondiciones que permiten que Jesús le añada a Su reino (Hechos 2:38,47; 8:12-13,36-38; 9:18; 10:47-48; 16:30-34; 18:8; 19:5: 22:16).

REFERENCIAS

Lindsey, Hal (1970), The Late Great Planet Earth (Grand Rapids, MI: Zondervan).

“The Official Left Behind Series Site”, (2003), [En-línea], URL: http://www.leftbehind.com.

Whisenant, Edgar y Greg Brewer (1989), The Final Shout Rapture 1989 Report (Nashville, TN: World Bible Society).




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